Un piso de 110 metros cuadrados en Sarrià-Sant Gervasi recupera su esencia clásica
La zona alta de Barcelona guarda auténticas joyas residenciales, y esta reforma es una buena muestra de ello. Una pareja ha transformado por completo su vivienda de 110 metros cuadrados en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, una de las áreas más exclusivas de la ciudad, con una meta muy concreta: ganar habitaciones y baños sin sacrificar la amplitud ni el carácter de la casa original.
El encargo recayó en el estudio Livener, dirigido por Marta Pineda y Ainhoa Elvira. Las interioristas contaron, además, con una colaboradora de excepción: la madre de la propietaria, una reconocida interiorista rusa que siguió el proyecto de cerca e indicó con precisión acabados y texturas. Lejos de chocar, esa doble mirada terminó fundiéndose en un único criterio compartido que se percibe en cada rincón de la casa.
Más estancias sin perder sensación de espacio
El principal desafío era encajar tres dormitorios y dos baños completos sin que la vivienda perdiera armonía. Para conseguirlo, las profesionales replantearon la distribución, movieron tabiques y redibujaron cada estancia. Ese proceso de prueba y error les llevó a plantear varias distribuciones alternativas antes de dar con la definitiva.
La premisa era innegociable: preservar la altura original de los techos, que rozan los tres metros en varias estancias y lucen, en áreas como el salón, molduras de corte clásico que aportan muchísimo carácter. La condición era tan firme que se descartó la instalación de aire acondicionado por conductos para no rebajar el volumen de ninguna habitación, y hubo que buscar soluciones de climatización alternativas y discretas que respetaran la limpieza visual de los techos recién recuperados.
Una zona de día abierta y luminosa
El cambio más determinante se produjo aquí. La cocina, antes cerrada, se abrió al comedor a través de un gran hueco que multiplica la continuidad entre ambos espacios. Esta apertura mejora la circulación y permite que la luz natural que entra por el mirador del salón llegue también a la cocina, que hasta entonces quedaba al margen de esa claridad. Salón, comedor y cocina funcionan ahora como un único recorrido visual.
En el salón, el mirador se ha convertido en el punto focal gracias a la altura de los techos y a la luz que entra durante buena parte del día. Junto a la ventana se conservó una vitrina empotrada que ya existía en la vivienda y que se ha integrado como pieza expositora en lugar de eliminarla. El sofá y el chaiselongue se tapizaron en tonos neutros, reservando el terracota para las butacas, los textiles y algunas piezas decorativas.
La cocina, obra de Laida Cocinas, se diseñó a medida en color blanco, con encimera y frente porcelánicos de acabado mate, electrodomésticos de Siemens con perfil de acero inoxidable y tiradores dorados que añaden un cierto espíritu vintage. En el comedor, la iluminación de Marset marca los puntos de encuentro, mientras los papeles pintados de Coordonné y los textiles de Güell Lamadrid introducen las notas de color que dan personalidad a la zona de día.
La zona de noche, en clave relajada
En el dormitorio principal, la gama cromática abraza los tonos verdes sobre una base neutra, una mezcla que fomenta un ambiente de relax en conexión con la naturaleza. El cabecero tapizado en verde se complementa con un elegante papel pintado de motivos a rayas y una lámpara de mesa de diseño original.
Los dos baños completos se resolvieron con sanitarios y grifería de Duravit, apostando por líneas depuradas que continúan el lenguaje sereno de todo el proyecto.
Una lección de interiorismo en Barcelona
El conjunto combina líneas contemporáneas con referencias clásicas en una atmósfera de calma absoluta. La madera, presente en los suelos y en buena parte del mobiliario, actúa como hilo conductor entre los espacios, y el color se introduce mediante los detalles, nunca a golpe de gran alarde.
Esta reforma demuestra que sumar la mirada de dos referentes de estilos distintos, uno en Barcelona y otro en Rusia, puede terminar en una vivienda coherente y con personalidad propia: tres dormitorios, dos baños completos y una zona de día abierta y luminosa, sin renunciar a los techos altos. Para quien se plantee reformar un piso en la Ciudad Condal, este proyecto de la zona alta es toda una inspiración.


