La infancia de Ada Colau en el Guinardó: apuros y una madre que eligió Barcelona
Antes de convertirse en un rostro familiar para cualquier vecino de Barcelona, antes de fundar la PAH y de gobernar la ciudad durante ocho años, Ada Colau fue una niña del Guinardó. Nacida en 1974, la que acabaría siendo alcaldesa de la capital catalana creció en ese barrio de la parte alta, al que ha referido en numerosas ocasiones como una pieza esencial de su identidad. Pero su historia empieza mucho antes, y no fue precisamente un camino de rosas.
Raíces emigrantes: de Huesca y Soria a la ciudad condal
Su biografía familiar es, en el fondo, la historia de buena parte de Barcelona. Sus abuelos paternos venían de Güel, en Huesca, y los maternos, de Almazán, en Soria. Como tantas otras familias que dejaron el campo en busca de oportunidades, llegaron a la ciudad huyendo de la pobreza. Aquella emigración interna configuró muchos de los barrios que hoy pisamos, y la de los Colau fue una más.
Sus padres, Ramón Colau Rami y Agustina Ballano, a quien todos conocían como Tina, tenían inquietudes culturales y artísticas. La propia Ada los ha definido como «hippies», una forma de describir un estilo de vida poco convencional en la España de los años setenta. En su casa sonaban Joan Manuel Serrat, The Beatles y Simon & Garfunkel: bandas sonoras de una infancia alejada de los moldes tradicionales.
La separación de sus padres y la vuelta a la ciudad
La estabilidad se quebró pronto. La familia se había trasladado a Madrid por motivos laborales del padre, pero tras la ruptura de la pareja, su madre regresó con ella a Barcelona. Ramón permaneció en la capital de España y la relación entre padre e hija tuvo que adaptarse a la distancia: él intentaba mantener el contacto enviándole cartas acompañadas de dibujos y libros, y las vacaciones se convertían en la oportunidad para reencontrarse. Así lo recordó la exalcaldesa en 2018, durante una entrevista en el programa 'Por el principio', de la Cadena SER.
El hogar volvió a cambiar cuando Tina rehízo su vida sentimental. Ada creció junto a sus hermanas en una casa que fue ampliándose con nuevas relaciones familiares, un retrato poco habitual para la época pero vivo y en constante movimiento.
Años duros: «No había ni para comer»
A los vaivenes familiares se sumaron unas dificultades económicas especialmente severas. En aquella conversación radiofónica, Colau explicó que los ingresos de la familia cayeron de manera importante y que llegaron a vender su vivienda por debajo de su valor. «No había ni para comer y se tenía que pedir ayuda a alguien de la familia», llegó a confesar.
La figura de su madre gana todo el peso en este relato. Tina tuvo una juventud complicada: no pudo estudiar porque tuvo que empezar a trabajar desde muy pequeña. Según recordó su hija, la presión familiar fue clara: «O te casas o te vuelves al pueblo con nosotros». Su respuesta fue contundente: «Ella dijo que se quedaba en Barcelona como sea». Finalmente se casó con Ramón Colau, aunque el matrimonio duró poco tiempo.
De aquella mujer, la exalcaldesa guarda una lección que resume así: «Siempre nos educó en la libertad, en persigue tus sueños, no te sientas culpable».
De una casa vendida a la lucha por la vivienda
La historia deja una lectura llamativa: la mujer que años después lideraría la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y ocuparía la Alcaldía durante ocho años conoció de cerca lo que significa que una familia se vea obligada a vender su casa por apuros. Es imposible no percibir cierta resonancia entre aquella venta forzosa de su vivienda familiar y el activismo por el derecho a la vivienda que definiría su vida pública.
Para quienes vivimos en Barcelona, este relato es también el de miles de familias que hicieron y deshicieron la ciudad. Del Guinardó al ayuntamiento, el recorrido de Ada Colau condensa una historia de emigración, sacrificio y reinvención muy de barrio: un recordatorio de que, detrás de cada rostro público, suele haber una historia doméstica de esfuerzo, como la vivida en tantas casas de nuestra ciudad.

