Gastronomía

De piso sesentero a refugio para 'foodies': así ha cambiado un ático del Eixample

Un ático del Eixample de Barcelona pasa de piso tabicado de los años sesenta a casa abierta y luminosa con cocina de acero, suites y terraza.

De piso sesentero a refugio para 'foodies': así ha cambiado un ático del Eixample

Hay reformas que se quedan en una capa de pintura y otras que transforman por completo la manera de vivir una casa. Un ático de unos cien metros cuadrados situado en el Eixample de Barcelona pertenece, sin duda, al segundo grupo. La firma del cambio es Espacio en Blanco, el estudio de la arquitecta Bárbara Aurell, que ha reconvertido una vivienda compartimentada en un espacio abierto, luminoso y concebido para quien vive la cocina como una forma de vida.

La familia propietaria es una apasionada de la gastronomía, y el hogar debía reflejarlo: un lugar para cocinar, recibir, escuchar buena música y compartir botellas de vino natural. La relación con el estudio, además, venía de lejos, ya que el despacho había trabajado antes en sus restaurantes y en su antigua casa. Esa confianza, señala Aurell, permite compartir ideas, atreverse y disfrutar del proceso de principio a fin.

Del tabicado sesentero a una casa que respira

El punto de partida era todo un retrato de otra época: estancias separadas al estilo de los años sesenta y papel pintado hasta el techo. La respuesta fue una reforma integral que replanteó la distribución por completo. Ahora, cocina, comedor y salón conviven en una zona de día continua, con una envolvente blanca de encuentros curvos que abraza toda la planta, mientras un rincón específico rinde culto a la música.

La conexión con el exterior era otra prioridad. La terraza recorre la vivienda de extremo a extremo, y una tarima de madera prolonga el salón hacia fuera con una zona de estar y un solárium. En la parte más íntima, el estudio ha optado por dos amplias suites donde los armarios a medida revisten las paredes y forman vestidores que conducen a los baños, integrando el almacenaje en la propia arquitectura interior.

Una cocina con espíritu de restaurante

Aquí llega el detalle que cualquier amante de los fogones sueñaría tener en casa: el acero inoxidable domina la cocina y le da ese aire de restaurante profesional que buscaban los dueños. Lo acompaña una Lacanche en tono castaña, esos fogones franceses de alta gama que combinan la estética de las cocinas profesionales de antaño con fabricación artesanal y prestaciones de nivel profesional. El suelo de esta zona se resuelve con baldosas de Palet en azul turquesa y marrón.

La música también tiene su sitio protagonista: un mueble modular de USM en verde oliva guarda el tocadiscos y la colección de discos, coronado por una lámpara Taccia de Flos.

Color con personalidad sobre una base serena

Toda la vivienda comparte un mismo blanco cálido que aporta coherencia, calma y luz, y que funciona como telón de fondo para gestos más atrevidos: el verde oliva del mueble de USM y el rojo pasión en brillo de la mesa del comedor. Aurell destaca precisamente el juego entre superficies, brillos y tonos diferentes dentro de una casa serena.

En los baños, la paleta se vuelve más envolvente, con blanco crema, cerámica brillante de formato pequeño, de 10 por 10 centímetros, y mármol Emperador en encimeras y lavabos, realizados con la propia piedra.

La luz que acompaña cada momento

El proyecto de iluminación se cuidó al detalle, escogiendo cada lámpara según la luz que aporta y el momento que acompaña. En el dormitorio, por ejemplo, una Funiculí de Marset hace pareja con una mesilla de &Tradition. La filosofía del estudio lo resume bien: escuchar antes de dibujar, tanto a las personas como al espacio, y desde ahí construir una idea hasta el último detalle, mezclando arquitectura, arte, color y vida cotidiana.

El resultado es un hogar que invita a quedarse y a compartir mesa, copa y vinilos, inundado por la claridad tan característica de Barcelona. Y una buena muestra de cómo una reforma integral bien pensada puede cambiar por completo la vida de un piso del Eixample: menos paredes, más conversación.