Un congreso de inteligencia artificial llena el World Trade Center y Barcelona ya busca sede más grande
Barcelona ha vivido estos días una auténtica invasión tecnológica. La segunda edición del AI Summit, celebrada el martes 22 y el miércoles 23 de septiembre en el World Trade Center, superó los 10.000 asistentes, una cifra que multiplica por diez la del estreno del congreso y que pilló a la organización con los deberes a medias: las colas dentro del recinto se dejaron notar desde bien temprano.
Guillaume Rostand, CEO del evento, tiene claro el porqué de tanto interés: la combinación de infraestructuras, clima, talento tecnológico y el momento que atraviesa la inteligencia artificial a escala mundial. Él mismo es buen ejemplo del tirón de la ciudad: este francés vive aquí desde hace 15 años y preside French Tech Barcelona, la asociación que agrupa a profesionales del sector galo afincados en la capital catalana.
Perfil internacional
El ambiente entre pasillos lo decía todo. La organización cifra en más de la mitad los visitantes llegados desde fuera. Entre ellos, historias muy diversas: Nikolina, una ingeniera rumana de 34 años que trabaja desde hace dos en el neobanco N26 en Barcelona, acudió sola con una idea fija en la cabeza: buscar inspiración para montar su propia start-up de IA, quizá ligada a la ingeniería, aunque no descarta la salud. También había quien llegó desde Polonia, como un asistente ucraniano del sector audiovisual y las finanzas que buscaba herramientas para simplificar su día a día.
El éxito desborda a la organización
Si la primera edición se hizo en el campus de Glovo con alrededor de un millar de personas, esta vez el World Trade Center se ha quedado corto. Rostand lo reconoce sin rodeos: el crecimiento les ha venido grande, pese al respaldo de gigantes como Amazon AWS, Microsoft o Google Cloud. La solución pasa por repartir la próxima edición entre varios espacios de la ciudad o trasladarla a un recinto mucho mayor, con el Fòrum como candidato apuntado por el propio Rostand. Lo que está descartado es la Fira de Barcelona: no quieren parecerse al Mobile World Congress.
El equipo fundador, completado por Adam Hruska, Jérémie Benhamou y Tanguy Wincker, prefiere fijarse en el South by Southwest de Austin: charlas y negocios por la mañana, conciertos y gastronomía por la noche. Además, Rostand lanzó una reflexión interesante: la etiqueta 'IA' acabará perdiendo fuerza, igual que ocurrió con internet, y por eso quieren un congreso más relajado, donde además de cerrar acuerdos también se disfrute.
Apoyo público y debates de fondo
La Generalitat abrió el congreso reivindicando su plan de invertir 1.000 millones en IA hasta 2030, con la presencia de Albert Tort, secretario de Telecomunicaciones y Transformación Digital, y de María Galindo García, secretaria de Políticas Digitales. Rostand resume el papel del evento como un imán para atraer talento y empresas.
Dentro, los paneles toparon con preguntas incómodas. En el bloque de comercio minorista, con Neel Arora, responsable global de e-commerce de Nestlé, y Marc Torrent, director de Datos e IA de Bonpreu, se habló de agentes que ya compran en nombre del cliente y de cajas que reconocen al comprador antes de pagar. Torrent avanzó que en menos de dos años tendrán capacidades agénticas: sistemas que decidirán qué ofrecer según el historial del usuario o que gestionarán incidencias de principio a fin.
También hubo espacio para las dudas. Marvyn Halfon, cofundador del estudio inmersivo Sabda, alertó en un panel sobre IA y salud mental de que delegamos buena parte de nuestra capacidad cognitiva en herramientas opacas que apenas entendemos, y recordó que cuando una tecnología lo hace todo fácil, las conexiones neuronales se activan menos. Ghazaleh Samandari, fundadora de Vera y científica del comportamiento, fue más directa: detectó una desorientación hacia el crecimiento por el crecimiento y, aun declarándose plenamente capitalista, subrayó que todo sistema tiene límites.
Protesta a las puertas
Mientras dentro se hablaba de futuro, fuera representantes de más de 140 entidades sociales y ecologistas se concentraron contra la construcción masiva de centros de datos y pidieron una moratoria de los proyectos en marcha. Clàudia Bosch, portavoz de Setem Catalunya, defendió consultar a los territorios afectados y ser transparentes con los recursos, los riesgos, los inversores extranjeros y el dinero público implicado. Dos mundos paralelos, en efecto, en una misma Barcelona que sigue consolidándose como referencia tecnológica.


