Barcelona repasa su futuro digital: talento femenino, inversión y un posible Catavalley
La capital catalana volvió a mirarse el ombligo tecnológico con una nueva edición del Tech Spirit Women, el encuentro anual que organiza Tech Barcelona y que reúne a ponentes mujeres para analizar hacia dónde se mueve el sector. La cita dejó espacio para las denuncias sobre la lentitud de la igualdad, las ideas para llevar más dinero a las emprendedoras y hasta el sueño de construir un Catavalley capaz de plantar cara a Silicon Valley.
Una sociedad digital todavía por definir
Laia Corbella, recién estrenada consejera delegada de la fundación Mobile World Capital, planteó que toca decidir ya qué sociedad digital queremos. Según su visión, aún funcionamos con estructuras heredadas de la revolución industrial, aparecerán perfiles profesionales que hoy ni siquiera existen y la brecha entre hombres y mujeres en el mercado tecnológico sigue siendo demasiado grande.
Ese malestar compartieron dos responsables públicas: Maria Galindo, secretaria de Polítiques Digitals de la Generalitat, y Fernando Escobar, subdirector en la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. Ambos admitieron el papel de la administración, pero insistieron en que sin la complicidad del sector privado poco cambiará. Su preocupación principal es que la presencia femenina no crece al mismo ritmo que la industria.
El dinero, el gran elefante en la sala
Las inversoras Maite Melet (Asabys), Eli Abad (Women4Steam), Marta Campillo (Abac) y Rocío Flor (Acció) pusieron cifras demoledoras sobre la mesa: solo un 1% de los fondos de capital riesgo acaba en startups fundadas exclusivamente por mujeres, y apenas un 5% llega a las de equipos mixtos.
Sus recetas pasan por crear muchos más vehículos de inversión centrados en emprendedoras, lanzar financiación pública exclusivamente femenina y trabajar dentro de las compañías para lograr comités de dirección paritarios.
El sueño del Catavalley
El grueso del debate se centró en el papel que juegan Barcelona, Catalunya y España en esta liga global. Dos estadounidenses residentes en la ciudad, la emprendedora e inversora Natalia Olson-Urtecho y la exdiplomática Nikki Finnemann, elogiaron el potencial local aunque también apuntaron tareas pendientes.
Olson confesó su obsesión por impulsar un Catavalley y fue contundente: a su juicio, aquí hay más potencial que en Silicon Valley. Citó la región vitivinícola, la calidad profesional disponible y, curiosamente, contar con uno de los mejores aeropuertos del mundo. Para ella, la soberanía europea exige que las ciudades colaboren entre ellas a escala regional y que exista una colaboración de nación.
Finnemann recetó aprender del modelo estadounidense. Primero, que los inversores pregunten desde el inicio de sus operaciones cuándo la startup podrá instalarse en Estados Unidos. Segundo, que la ejecución vaya siempre por delante. Recordó que el informe Draghi, del que dos años después seguimos creando comisiones, advierte sin rodeos de que las empresas unicornio no se quedan en Europa, y defendió que Barcelona tiene la oportunidad de ser una isla en ese contexto. Criticó que el impuesto sobre el patrimonio impide prosperar aquí a las tecnológicas valoradas en más de mil millones de dólares, aunque confía en que muchas empresas en fase intermedia sí puedan enraizar.
Su diagnóstico añade dos carencias más: faltan fondos de inversión especializados en acompañar las fases de crecimiento, y las empresas familiares catalanas deberían participar del sector tecnológico en lugar de invertir solo en aceite de oliva o bienes raíces. Sugirió que los catalanes deberían empezar a apostar por sí mismos, insistiendo en que el dinero está aquí.
Inteligencia artificial: carrera sin freno
La IA ocupó también su momento en la conversación. Finnemann fue muy directa: Estados Unidos se toma la carrera por la inteligencia artificial con una seriedad que aquí se subestima, viéndola como una amenaza existencial frente a China, y los ultimátum a empresas y centros de investigación para no trabajar con el gigante asiático están a la orden del día.
Preguntada por si todo esto ralentizará el desarrollo de la IA, descartó esa posibilidad y recordó que Trump ha sido tajante al afirmar que la velocidad no se reducirá por China. Lo que espera es que la competición traiga avances productivos, como más transparencia con los errores o una mayor supervisión. Cerró con una reflexión para el continente: es el momento perfecto para que Europa se reagrupe y piense cuál es su rol y su instrumento en la banda. Y en todo eso, según su conclusión, Catalunya tiene mucho que ofrecer.


