Cultura

Barcelona impulsa un manifiesto mundial para convertir la protección de la costa en inversión

La ciudad presenta junto a la ONU un manifiesto con 24 ciudades y 9 regiones para atraer inversión privada hacia la resiliencia costera.

Barcelona impulsa un manifiesto mundial para convertir la protección de la costa en inversión

Defender el litoral puede dejar de ser una cuenta pendiente y empezar a ser un negocio con sentido. Esa es, en esencia, la idea que Barcelona ha llevado este martes al Tomorrow.Blue Economy World Congress, el espacio dedicado a la economía azul dentro del Smart City Expo World Congress 2026. Allí, el consistorio y el centro colaborativo de la Década de los Océanos de la ONU, con sede en la ciudad, han presentado el Barcelona Manifiesto, un texto que aspira a convertirse en la referencia internacional sobre cómo hacer que las ciudades costeras aguanten mejor los golpes del clima.

Datos que se archivan y no se comparten

Uno de los caballos de batalla que salió a relucir es el de la información. Peter Burger, responsable de Gestión de Datos y Conocimiento de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO, tiró de la manta: las empresas vinculadas al mar recopilan a diario enormes volúmenes de datos sobre el océano para sus operaciones y, una vez utilizados, los dejan guardados lejos del alcance de la ciencia. Su petición fue clara: liberar esa información y ponerla a trabajar para el interés general.

Detrás hay un problema de fondo, según este experto: nadie trata la observación del océano como una infraestructura básica. Mientras de la red eléctrica pagamos una factura cada mes sin que nos lo planteemos, el seguimiento del mar suele financiarse solo cuando queda algo suelto en el presupuesto, lamentó.

De gasto a oportunidad de inversión

El manifiesto quiere dar la vuelta a esta lógica: que proteger la costa deje de verse como un desembolso obligado para puertos y ayuntamientos y se entienda como una vía para generar actividad económica y empleo. El documento lo han elaborado 24 ciudades y nueve regiones de todo el planeta, desde la Costa Azul francesa hasta el área metropolitana de Mombasa (Kenia) o los estados brasileños de Río de Janeiro y Paraná, y cuenta con el respaldo de la UNESCO, la Unión Europea y el Govern.

Joan Ylla Boix, subdirector general de Política Marítima de la Generalitat, lo resumió así: la resiliencia no es solo un coste, sino también una puerta a la inversión, la innovación y el empleo cualificado. En su opinión, vigilar la dinámica de la costa y los riesgos climáticos es esencial, pero hay que traducir esos datos en indicadores accesibles que ayuden a las administraciones a priorizar actuaciones y evaluar resultados.

Por su parte, Andreea Strachinescu, de la Dirección General de Asuntos Marítimos y Pesca de la Comisión Europea, recordó que este verano la UE, junto a Canadá y la COI-UNESCO, ha puesto en marcha una alianza internacional para reforzar el sistema mundial de observación del océano. Admitió que el mar ha estado casi ausente de las políticas durante décadas y animó a presionar para que el próximo presupuesto plurianual europeo reserve más fondos para el océano.

El clima, en el centro de las decisiones económicas

Otro mensaje repetido del congreso fue que sin buenos datos no hay buenas inversiones. Jaime Martín Grau, consultor de Mitiga Solutions, la spin-off del Barcelona Supercomputing Center que proyecta riesgos climáticos hasta 2100 con supercomputación e inteligencia artificial, advirtió que la mayoría de los modelos se apoyan todavía en datos históricos, pese a que el clima cambia a una velocidad que ni siquiera entendemos. Para él, esta información debe estar en el centro de las decisiones económicas, públicas y privadas, y no colgar como un anexo de la estrategia de sostenibilidad.

Grau citó el ejemplo de Galicia, primera comunidad de España en aprobar una ley que obliga a la administración autonómica y a los municipios de más de 20.000 habitantes a incorporar el clima en sus presupuestos. Su crítica: los fondos se repartirán por tamaño de población y no por la exposición real de cada municipio, algo que, a su juicio, no tiene sentido. Ylla coincidió en que los proyectos de resiliencia necesitan beneficios medibles y un reparto adecuado del riesgo para captar capital privado.

Un sector con músculo en la ciudad

El manifiesto no llega en un momento cualquiera. Según datos municipales, la economía azul facturó 11.190 millones de euros en 2024 y en 2025 daba trabajo a unas 54.000 personas, con un crecimiento del empleo del 23% desde 2021, casi el triple que el del conjunto de la economía barcelonesa. Además, convive con la estrategia municipal de economía azul 2026-2030, dotada con 150 millones de euros, presentada en junio y reivindicada por la comisionada de Promoción Económica, Nadia Quevedo, con el objetivo de atraer mucha más inversión privada a la ciudad.

Próxima parada, Río de Janeiro

De momento, el texto es solo una declaración de principios que seguirá abierta a nuevas adhesiones hasta su versión definitiva, que se presentará en la Conferencia de la Década de los Océanos de Río de Janeiro, del 7 al 9 de abril de 2027. La anterior edición de ese foro se celebró precisamente aquí, en 2024. Todo apunta a que Barcelona seguirá teniendo mucho que decir en este capítulo.