El fricandó, ese guiso que abraza, vuelve con fuerza a las mesas de Barcelona
La cocina catalana atraviesa un momento dulce y, con ella, regresan los platos de toda la vida. Uno de los grandes protagonistas es el fricandó, un guiso que exige paciencia y que, bien ejecutado, termina siempre con plato limpio y pan mojado. Por suerte, en Barcelona hay una decena larga de locales donde lo preparan de maravilla, y este es un repaso por ellos.
Apuestas nuevas y casas con solera
Entre las aperturas más frescas destaca Cal Quiquet, el primer restaurante de Malena Loyer y Albert Blesa, dos veinteañeros que se conocieron en una universidad gastronómica y ahora estrenan una casa de menjars donde el fricandó se sirve en formato terrina.
En el Eixample, Veracruz defiende la receta tradicional cada día con escudella y excelente materia prima. No muy lejos, Gelida, que cumplirá 80 años en 2026, da de comer a diario a 600 personas bajo la dirección de Gerard Llopart, tercera generación de una saga familiar al frente del negocio.
En Gràcia, Casa Pagès es historia viva del barrio: 70 años abiertos, ahora con desayunos de forquilla, menús de mediodía y tapeo nocturno a precio asequible.
De Poblenou a Sant Martí
En Poblenou, Finca Nebot ocupa una antigua nave de 1924 convertida en refugio culinario, donde nostalgia, cocina catalana de barrio y espíritu familiar se dan la mano alrededor de un fricandó de 'vaca muda'. En Sant Martí de Provençals, Bar Guipúzcoa funciona como uno de los guardianes gastronómicos de la zona: una familia regenta este bar de menú popular cuyo fricandó de cerdo a la jardinera es toda una declaración de intenciones.
Bodegas y bares de toda la vida
Bodega Podium, en el Vall d'Hebron, lleva más de 50 años sirviendo cocina casera. Su fricandó de ternera es ortodoxo: filetes de llata y 'cama-secs' ('marasmus oreades'), un hongo que a menudo en Barcelona se confunde con el 'moixernó' ('calocybe gambosa'). Lo guisan con vino añejo, 'vi ranci', e incluso vino del Priorat. Toda una garantía.
En la Ribera, tres socios han aliado fuerzas para mantener vivo Agullers, un clásico del esmorzar de forquilla, las ollas y el descorche de grandes vinos, con una filosofía bien clara: 'un local del barrio para el barrio'. Su fricandó llega acompañado de patatas.
Bar Nuri aparenta llevar ahí toda la vida, aunque solo abrió en 2022: mesas de mármol, ambiente apacible y una carta de tapas y platos de siempre recién renovada, con albóndigas con sepia y fricandó incluidos.
Más paradas para apuntar en la agenda
En el Farró, Bodega Josefa aplica la mirada renovadora y respetuosa de la 'nova cuina catalana', con propuestas tan curiosas como su 'pilota' Strogonoff con patatas fritas, salsa de mostaza, crema agria y vino blanco. En el Poble Sec, Casa Axin, regentado por una familia china, bulle prácticamente a todas horas gracias a sus brasas y guisos. Entre Les Corts y Sants, Can Pringa apuesta por cocina de mercado y de temporada, con un fricandó canónico y un tartar de butifarra que quitan el sentido.
Cerca de la frontera entre La Sagrada Familia y el Camp de l'Arpa aguarda Azul, un pedacito de Zamora en la ciudad con un menú de mediodía sensacional y un fricandó de ternera gallega. Casa Ana, instalada donde antes estaba L'Altra Bruixa, sirve platos contundentes de buena mañana y menús de mediodía a precios populares, con un llamativo fricandó naranja.
Y una apuesta de relumbrón: el cocinero Quim Marqués, que cerró el Suquet de l'Almirall en 2018 y abrió el espacio 'cultulinario' L'ExquisEat en 2020 junto a su hija Paula, nutricionista, acaba de dar nueva vida al bar vecino que traspasaban. Se llama Santa Magdalena.
Un plato que sabe a hogar
Ya sea en una bodega centenaria o en un local recién estrenado, el fricandó demuestra que los guisos de tenedor nunca pasan de moda. Tenéis quince excusas para recorrer la ciudad, comparar versiones y, por supuesto, mojar pan hasta la última gota.


