Pasear por el Barrio Gótico es hacerlo entre siglos de historia, y uno de sus grandes símbolos, la Catedral de Barcelona, acaba de dar un salto hacia el presente más innovador. El templo, que ya suma más de seis siglos a sus espaldas, ha incorporado un sistema de sensores capaces de detectar al segundo cualquier movimiento en su estructura. Una forma muy de esta ciudad de cuidar el patrimonio: combinando piedra histórica con tecnología de última generación.
Una ciudad que apuesta por lo digital
No es casualidad que una iniciativa así llegue aquí. La capital catalana se ha consolidado como uno de los grandes polos tecnológicos del sur de Europa, según datos difundidos por el Consistorio. De hecho, la ciudad concentra el 24% de las startups catalanas activas en el ámbito digital y dispone de un ecosistema potente en áreas como la inteligencia artificial y la ciberseguridad.
Las cifras hablan por sí solas: 160 hubs tecnológicos, más de 2.900 empresas del sector digital y unos 85.000 puestos de trabajo vinculados a las TIC, lo que equivale al 30% del empleo catalán en este campo.
Además, la tecnología en Barcelona no queda encerrada en despachos: se nota en la calle. El Bicing eléctrico, la gestión inteligente del aparcamiento, el alumbrado adaptativo o los contenedores conectados ya forman parte del día a día de quienes vivimos aquí. Ahora, ese mismo enfoque se pone al servicio del patrimonio histórico.
El proyecto: una vigilancia permanente del edificio
El sistema instalado en la Catedral consta de 18 sensores de movimiento y 2 de vibraciones. Se han colocado en puntos estratégicos del templo, como las torres, para informar en tiempo real del más mínimo movimiento en los cimientos. Así, el edificio comunica constantemente su estado y los responsables de su conservación pueden escucharlo sin interrupciones.
Todos los edificios se mueven
Que un edificio histórico se mueva no es motivo de alarma. Así lo explica Àngel Menargues, técnico de patrimonio arquitectónico de la Catedral, en declaraciones al medio Betevé: todos los edificios se mueven por los cambios de temperatura o por pequeños terremotos. Se trata de movimientos naturales, apunta, y la clave está en controlar que no resulten excepcionales para saber cómo actuar en cada caso.
De hecho, durante los primeros meses de monitorización, el templo se ha movido un milímetro al día, un registro que, según el técnico, encaja dentro del comportamiento normal de un edificio de estas características.
Dos años de datos antes de decidir
El proyecto no tiene prisa. Los resultados del monitoreo se analizarán pasados dos años, un plazo que permitirá disponer de información suficiente para valorar si la evolución y los movimientos registrados son seguros para la Catedral. Con esos datos sobre la mesa se determinará si son necesarias acciones preventivas. Hasta entonces, los sensores seguirán recopilando información segundo a segundo.
Seis de las 170 bóvedas del templo
El despliegue se ha realizado en seis de las 170 bóvedas que tiene la Catedral, unas estructuras de piedra que no cuentan con ensamblajes de hierro entre sus juntas, lo que hace aún más relevante conocer su comportamiento. Por el momento, cuatro de estos espacios ya están siendo monitorizados, y está previsto que la instalación quede completa antes de que termine el año.
Cuando la historia y la innovación se dan la mano
Este proyecto recuerda que en Barcelona la tecnología también sirve para proteger lo más antiguo que tenemos. Mientras vecinos y visitantes pasean a la sombra del templo en pleno casco antiguo, una red invisible de sensores trabaja en silencio para que este monumento siga en pie muchos siglos más. Una buena noticia para la ciudad y para todos los que valoramos su patrimonio.


