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Una Yamaha R1 Crossplane cruza media Europa para ponerse a punto en Barcelona

Un propietario suizo trae en remolque dos motos hasta un taller de Barcelona para una revisión profunda de su Yamaha R1 Crossplane de 53.000 km.

Una Yamaha R1 Crossplane cruza media Europa para ponerse a punto en Barcelona

Cargar la moto en un remolque y cruzar media Europa para hacerle el mantenimiento puede parecer una exageración, pero en Motorbike Barcelona acaban de demostrar que hay clientes dispuestos a hacerlo. Un propietario procedente de Suiza ha bajado hasta Barcelona con dos motocicletas cargadas, decidido a que sean estas manos concretas las que trabajen sobre sus máquinas. Según el propio negocio, nunca antes habían atendido a nadie que llegara desde tan lejos.

La estrella del remolque es una Yamaha YZF-R1 Crossplane que ronda los 53.000 kilómetros, una máquina que ha quedado en manos de Sergi, mecánico del taller y declarado aficionado a la marca japonesa. El encargo no es un simple cambio de aceite: se trata de una revisión a fondo que incluye el reglaje de válvulas, una operación clave en una superbike de altas prestaciones cuando los kilómetros empiezan a acumularse.

Válvulas de escape fuera de tolerancia

La intervención ha confirmado que la visita tenía todo el sentido. Al medir las holguras, el equipo comprobó que todas las pastillas de las válvulas de escape se encontraban fuera de medida. Con el uso y los ciclos térmicos, la separación entre los elementos del accionamiento varía; si esa distancia se estrecha demasiado, la válvula puede dejar de cerrar como debe, con la consiguiente pérdida de compresión y, en los casos más extremos, daños en válvulas y asientos por las altas temperaturas de combustión.

Para corregirlo se trabaja con pastillas calibradas de distintos espesores: el mecánico calcula, haciendo sumas y restas, qué medida corresponde a cada válvula hasta devolverla a su rango. El taller presume de disponer de tantas referencias que incluso otros negocios les piden pastillas cuando les falta alguna. En esta ocasión, además, han documentado el proceso en una plantilla donde van anotando cada medición y cada cambio.

El motor que cambió la historia de la R1

La denominación Crossplane no es un simple adorno de catálogo. Yamaha llevó este cigüeñal a la R1 de calle en 2009, aplicando conocimientos obtenidos en la YZR-M1 de MotoGP. Aquella primera generación montaba un cuatro cilindros en línea de 998 cc con 182 CV declarados en la versión europea, pero lo realmente distintivo estaba dentro: muñequillas dispuestas a intervalos de 90 grados, una disposición que reduce ciertas fluctuaciones de las fuerzas de inercia y ofrece una entrega de par más lineal y controlable, sobre todo al salir de las curvas.

Esa arquitectura explica también su sonido tan particular, más grave y roto que el de un cuatro cilindros clásico, casi de competición. No es casualidad: Yamaha ya defendía en su día que el crossplane buscaba una respuesta más directa entre el acelerador y la rueda trasera. Tanto es así que la propia marca sitúa la evolución de 2009 entre los capítulos más importantes de toda la saga YZF-R1.

Una revisión minuciosa, pieza a pieza

Un trabajo así obliga a desmontar numerosos componentes, entre ellos el radiador, por lo que el circuito deberá llenarse y purgarse de nuevo antes de la entrega. El taller montará juntas nuevas, renovará el aceite y también el refrigerante. Incluso el tensor de la distribución, que funciona mediante presión de aceite, ha pasado por el taller: no suele dar demasiados problemas, pero ya han sustituido alguno en otras unidades, y un tensor defectuoso puede provocar ruidos y comprometer la sincronización del motor.

Detalle curioso: la decoración de esta unidad corresponde, según ha comprobado el taller en el programa oficial de Yamaha, al color con el que salió de fábrica. Desde el negocio recomiendan a su dueño mantenerla intacta, porque creen que este tipo de R1 empieza a despertar interés entre aficionados. Eso sí, se trata de una valoración del propio taller, no de una promesa de revalorización.

Más de mil kilómetros como prueba de confianza

Quien piense que es exagerado recorrer una distancia que puede superar el millar de kilómetros por trayecto para dejar la moto en un sitio concreto, quizá no conozca la relación entre un motorista y su mecánico de confianza. Esta máquina arranca, funciona y no daba señales de alarma, pero al abrirla y medir apareció un mantenimiento que muchos habrían pospuesto. Al final, la R1 volverá a Suiza en remolque, eso sí, con el reglaje corregido y preparada para seguir sumando kilómetros durante mucho tiempo.