El curso arranca sin normalidad: la marea amarilla docente llena la plaza de Sant Jaume
Barcelona volvió a colocar su plaza de Sant Jaume en el centro político de Cataluña este martes, aunque en esta ocasión los protagonistas no fueron los cargos institucionales. Unos 1.800 docentes vestidos de amarillo faltaron a la jornada de retorno a las aulas para protestar frente al Palau de la Generalitat, mientras el Govern se reunía en su interior sin conseguir desatascar el conflicto laboral que ensombrece el inicio del curso 2026-2027.
Un seguimiento del 12% que deja el pulso encallado
Según las cifras del Departamento de Educación y FP, el 12% de la plantilla secundó la llamada de los sindicatos con el objetivo de entorpecer el arranque de las clases. Solo los más combatientes se ausentaron, mientras la mayoría prefirió no faltar en una fecha tan delicada para sus alumnos.
Pese a los cortes previstos en vías como la AP-7, donde los maestros causaron mayor impacto, el Ejecutivo socialista apenas se vio en apuros. Eso sí, numerosos claustros que esta vez ignoraron la convocatoria de Ustec-Stes y CGT ya han avanzado que se sumarán a próximas movilizaciones, que a día de hoy parecen inevitables.
El nudo del asunto es doble: el colectivo no ha definido exigencias concretas para desconvocar las protestas y tampoco existe un canal de diálogo con la conselleria de Esther Niubó. Los sueldos han subido y las aulas cuentan con más personal desde este mismo martes, pero no se aprecia salida alguna al pulso ni a corto ni a medio plazo.
Un centenar de reivindicaciones todavía sin ordenar
La Assemblea Educativa de Catalunya (AEC) escenificó en Barcelona una macroasamblea a pie de calle para fijar las demandas que marcarán la conversación con la Generalitat. Con cartulinas de colores, el profesorado participó en una votación improvisada para priorizar sus peticiones: fijar nuevas ratios, subir los salarios según el IPC, estabilizar al personal interino, sumar profesionales a la escuela inclusiva y reconocer las categorías profesionales. Son solo algunas del centenar de reivindicaciones de la propuesta inicial.
Dichas demandas no quedarán perfiladas, como pronto, hasta el 19 de septiembre, cuando la comisión de objetivos dé forma a las enmiendas. La fecha no es casual: Educación ha citado la mesa sindical para el 21 de septiembre y la mesa sectorial para el 8 de octubre, pero no ha convocado negociaciones que eviten nuevas huelgas.
Autocrítica entre quienes se quedaron en clase
Al triunfalismo de buena parte de los manifestantes —«felicitémonos por comenzar el curso sin normalidad», arengaban los organizadores— se suma el examen de conciencia de otros docentes. En algunos chats de profesores se reclama afinar el plan de lucha, atraer a quienes no acudieron, delimitar con claridad los objetivos negociadores y activar un ciclo creciente de presión durante este trimestre.
El acuerdo cerrado que no se reabre y la apuesta por un debate global
Las organizaciones dirigidas por Iolanda Segura (Ustec-Stes) y Laura Gené (CGT Ensenyament) exigen reabrir el convenio que suscribieron CCOO, UGT y Professors de Secundària. La puerta permanece cerrada: las tensas reuniones del final del curso pasado ya sirvieron para elevar hasta los 2.600 millones de euros el pacto de marzo.
A cambio, los socialistas plantean ampliar la conversación más allá de los sindicatos —con quienes solo tratarían asuntos laborales— e invitar a familias, representantes del alumnado y partidos políticos para diseñar un nuevo modelo escolar. Fuentes del departamento apuntan que se está madurando la vía de incorporar a nuevos actores con el fin de tejer un gran acuerdo que asegure los fondos y la estabilidad que reclaman las aulas. Antes de llamar a los grupos parlamentarios —el presidente de ERC, Oriol Junqueras, ya se ha ofrecido—, pretenden contar con el beneplácito de la comunidad educativa.
«Es una evidencia que la educación requiere un debate a fondo y global para que los recursos que pongamos en los próximos años sirvan para recuperar los niveles de excelencia», argumentó la consellera y portavoz del Govern, Sílvia Paneque, desde la sala de prensa de la Generalitat. Al otro lado de la plaza, la marea amarilla pedía dimisiones y celebraba que el curso no arrancara con normalidad. En Barcelona, el alumnado ha vuelto a las aulas, pero la tranquilidad escolar, por ahora, sigue fuera de ellas.


