Sánchez visita Barcelona para un encuentro clave con los líderes del empresariado catalán
Pocas citas concentran tanta expectación en los despachos económicos de Barcelona como la que tiene lugar hoy a las 13.30 horas en el Palau de Pedralbes. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visita la capital catalana para reunirse con los máximos responsables de las principales organizaciones empresariales del territorio, en un encuentro que llega en un momento político y económico especialmente delicado.
Los protagonistas: el llamado G-8 empresarial
En la mesa estarán los dirigentes de las entidades que conforman el conocido como G-8: Pimec, que preside Antoni Cañete; Fira de Barcelona, encabezada por Pau Relat; la Cambra de Comerç, liderada por Josep Santacreu; el Cercle d'Economia, con Teresa Garcia-Milà al frente; Femcat, presidida por Tatxo Benet; Barcelona Global, con Josep Lluís Sanfeliu como presidente; el RACC, dirigido por Josep Mateu; y el Col·legi d'Economistes de Catalunya, cuyo decano es Carlos Puig de Travy.
De la lista falta un nombre conocido: Pau Relat, presidente de Fira de Barcelona, que no podrá acudir por un compromiso profesional. Tampoco estará Josep Sánchez Llibre, al frente de Foment del Treball, la patronal de las grandes empresas, dado que esta organización no forma parte del G-8. Como invitado de peso, sí acudirá el president de la Generalitat, Salvador Illa.
¿Qué se hablará en Pedralbes?
Dos grandes asuntos coparán la conversación. El primero, puramente económico: el encuentro servirá para tomar la temperatura de la situación macroeconómica en un contexto marcado por la preocupación por el encarecimiento de los precios y por un escenario internacional tenso. El segundo, político: se trata de tantear hasta qué punto las organizaciones empresariales catalanas respaldan a un Ejecutivo que atraviesa aguas complicadas por los casos de corrupción que afectan al PSOE y al círculo cercano del propio Sánchez.
Un G-8 que llega tocado por la crisis interna
La reunión con el presidente no llega en el mejor momento para este club empresarial. Desde el pasado verano, sus miembros atraviesan un pulso interno que ha dejado grietas visibles. El detonante fue la decisión de la Cambra de Comerç de ampliar de dos a ocho sus denominadas 'sillas de plata', los asientos de pago del plenario reservados a las grandes empresas. La votación fue de lo más ajustada: Pimec se opuso frontalmente y el empate solo se deshizo gracias al voto de calidad de Josep Santacreu.
Santacreu defendió la ampliación argumentando que las grandes compañías estaban infrarrepresentadas desde que el anterior equipo de gobierno cameral, vinculado a Eines de País, recortó esas plazas de catorce a dos. Además, esgrimió un argumento de peso: el salto hasta diez empresas con asiento de pago reporta 600.000 euros anuales más de ingresos a la institución. Nada de ello convenció a Pimec, y el encono entre Cañete y Santacreu generó un malestar notable tanto dentro de la Cambra como en otras entidades del G-8 que veían con mejores ojos la posición cameral.
Una prueba de fuego para el club
Las reuniones internas del grupo celebradas durante el verano registraron ausencias, oficialmente justificadas por cuestiones de agenda, un detalle que dice mucho del clima reinante. Por eso, más allá del contenido económico del encuentro con Sánchez, muchos observadores miran hoy a Pedralbes con lupa: quién asiste, quién falta y qué gestos se producen servirán para calibrar el estado de salud de una de las plataformas de diálogo económico más influyentes de Barcelona y de Cataluña.
Para la ciudad, el mensaje es claro: Barcelona vuelve a ser el escenario del diálogo entre el Gobierno central y el tejido productivo catalán, con la inflación, la geopolítica y la estabilidad política sobre la mesa.


