Frío y calor a domicilio: Barcelona pone en marcha su tercera central de climatización urbana
Si vives en Barcelona, probablemente el aire acondicionado haya dejado de ser un capricho para convertirse en casi un artículo de primera necesidad, sobre todo cuando llegan las olas de calor. Pero estos equipos también tienen su cara B: consumen mucho y engordan la factura, algo especialmente notorio en grandes edificios e instalaciones abiertas al público. Con esa idea sobre la mesa, la ciudad ha estrenado este martes una nueva central de Districlima en el barrio del Bogatell, que se convierte en la tercera de este tipo en el municipio.
La nueva instalación se une a otras dos que ya llevan más de dos décadas operando en la ciudad, ubicadas en el Fórum y en la calle Tánger. Entre las tres forman una red que ya sustituye los sistemas tradicionales de climatización en más de 200 edificios públicos, y que ahora se prepara para crecer.
¿En qué consiste exactamente este sistema?
La mecánica es fácil de explicar. En lugar de que cada edificio genere por sí solo el frío o el calor que necesita, una central lo produce de manera conjunta y lo reparte entre los inmuebles conectados a la red. Esa agua fría o caliente viaja por tuberías enterradas bajo Barcelona y, al llegar a cada edificio, una subestación intercambia esa energía con las instalaciones interiores. Resultado: los inmuebles no necesitan sus propios equipos de climatización.
Al concentrar la producción en un único punto, los costes se reducen, tanto en dinero como en energía. Y no se trata de un experimento reciente: este modelo lleva funcionando en Barcelona desde hace más de 20 años, tal y como recordó durante la presentación Laia Bonet, teniente de Urbanismo, quien subrayó que la ciudad apuestó por esta vía cuando la urgencia del calentamiento global “todavía no tenía la evidencia actual”. Bonet enmarcó la instalación en la respuesta a la emergencia climática provocada por el aumento de las temperaturas y en la transición energética.
Hacia los 260 edificios conectados
Con esta tercera central en marcha, la previsión es aumentar cerca de un 30% el número de inmuebles conectados a la red, hasta rondar los 260. La red admite desde viviendas hasta grandes equipamientos: ya son usuarios el Hospital del Mar, la Universitat Pompeu Fabra o el campus del Besòs de la Universitat Politècnica de Catalunya.
Por su parte, Xavier Puyal, director de Districlima, defendió que la instalación del Bogatell permitirá ofrecer a la ciudad “un modelo de climatización más sostenible”, y avanzó que, a medida que se sumen nuevos edificios, la red podrá llegar a dar servicio a una superficie equivalente a 250 manzanas del Eixample.
Un edificio escondido bajo tierra y que se alimenta del mar
Una de las singularidades de la nueva central es que se ha construido bajo tierra para minimizar su impacto en el entorno. Además, parte del proceso de producción de frío se apoya en agua de mar, que capta a través de una tubería que se adentra en el Mediterráneo.
La primera fase de la instalación ha requerido una inversión de unos 44,4 millones de euros y arranca con una potencia frigorífica de 21 MW. Y no queda ahí: la infraestructura está diseñada para seguir creciendo. Las dos primeras fases contemplan alcanzar los 42 MW en 2032 y, con el proyecto completado, la central podría llegar hasta los 56 MW.
¿Y qué significa esa cifra en la práctica? Para hacernos una idea, equivale aproximadamente a tener encendidos al mismo tiempo unos 20.000 aparatos domésticos de aire acondicionado de unos 3 kW cada uno. Una potencia considerable que, según los impulsores del proyecto, ayudará a que muchos vecinos de Barcelona compartan un sistema común de clima, más eficiente y mejor preparado para los veranos cada vez más calurosos que nos esperan.


