Los comerciantes de Barcelona lanzan una alerta: la ciudad se está encerrando en sí misma
La Casa Seat acogió la undécima edición del Summit de Barcelona Oberta, el encuentro anual que reúne a empresarios, cargos públicos y técnicos vinculados a los ejes comerciales más concurridos de Barcelona. Y este año la cita dejó una conclusión incómoda: el miedo al cambio está empujando a la ciudad a atrincherarse y, con ello, a frenar su propio desarrollo.
Los ponentes partieron de una idea sencilla: toda ciudad se balancea entre proteger aquello que la define y promover la innovación. En el caso barcelonés, ese equilibrio se habría resquebrajado en los últimos tiempos, en un contexto convulso en el que mucha gente se siente amenazada y tiende a refugiarse en la protección de lo conocido.
Nuestro principal enemigo somos nosotros mismos
Uno de los mensajes más contundentes llegó de la mano de Javier Faus, presidente y CEO de Meridia Capital, quien afirmó que Barcelona tiene todo lo necesario para triunfar y que el mayor obstáculo está en casa. Según explicó, durante años los inversores vieron en la ciudad una alternativa real a Madrid a la hora de apostar por España, pero cada vez más la perciben como un lugar cerrado y excesivamente volcado en la protección.
Faus puso como ejemplo la mala relación que se está generando con los profesionales internacionales que llegan a trabajar aquí. En su opinión, hay que facilitarles la llegada y dejar de acusarles de venir a gentrificar: las externalidades que trae la llegada de nuevos residentes existen, pero hay que saber gestionarlas en un mundo marcado por el miedo y el auge de los extremos.
La lista de deseos del comercio
Como cada año, el Summit sirvió también para que el tejido comercial trasladara sus reclamaciones a las administraciones. Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta, recurrió a la ironía para volver a exigir libertad de horarios, y alrededor suyo llovieron las quejas: ¿por qué reducir carriles por toda la ciudad para ser más verde?, ¿por qué limitar las VTC si a ciertas horas resulta imposible encontrar un taxi?, ¿cómo se explica que llegar hasta la Boqueria sea toda una odisea?
Los representantes de los comercios del Gòtic, el Born, la Rambla, la Diagonal, la plaza Reial, la calle Pelai, la avenida Gaudí o Sant Antoni coincidieron en un punto común: el Ayuntamiento debe garantizar un buen cuidado del espacio público y dejar de poner palos en las ruedas. Del resto, aseguran, ya se encargan ellos.
Expats: talento que no conviene ahuyentar
Josep Lluís Sanfeliu, presidente de Barcelona Global, quiso romper tópicos sobre los profesionales extranjeros: no se pasan el día de brunch con ropa cómoda, sino que trabajan como médicos, biólogos o científicos. Se quejó de que no encuentren dónde vivir cuando sus cursos apenas duran cuatro meses y advirtió de que, si complicamos su día a día, la ciudad pierde inversiones. Barcelona, recordó, siempre ha sido una mezcla acogedora y así es como debería seguir siendo vista.
El tono crítico con la administración fue constante durante toda la mañana. La frase de que aquí no puede hacerse nada, pronunciada desde el escenario, arrancó un aplauso generalizado entre el público, en una jornada en la que muchos asistentes retrataron a los organismos públicos más como un escollo que como un socio del desarrollo.
Menos burocracia y más ambición
Salvador Alamany, expresidente de Abertis Infraestructuras y presidente de Saba Infraestructures, lamentó que desde hace tiempo se transmite el mensaje de que a Barcelona es muy difícil venir. Defendió una visión global por encima de tantas parcelas cerradas sobre sí mismas, y puso como ejemplo Rodalies: cuando se pidió a la gente que dejara el coche, la fragilidad del servicio multiplicó la tensión.
En la misma línea se pronunciaron Paloma Bergós, directora de gestión de cartera de Casacuberta, quien pidió menos trabas burocráticas, y Ferran Rodés, presidente del patronato de la Fundació Antoni Tàpies, quien echó en falta la ambición que la ciudad tuvo en el pasado.
El alcalde, presente; BComú y ERC, ausentes
También pasaron por la Casa Seat el alcalde Jaume Collboni, la edil de Comercio Raquel Gil y la directora de Comerç de la Generalitat, Marta Angerri, además de representantes de Junts, del PP y de Vox. Nadie acudió en nombre de BComú ni de ERC. Collboni, en la recta final de su mandato, elogió el comercio como factor de cohesión social en Europa y propuso abrir el debate sobre la limitación de los alquileres de los locales comerciales, una idea que no despertó gran entusiasmo en la sala.
El mensaje de fondo de la jornada queda claro para quienes vivimos y trabajamos en Barcelona: si la ciudad quiere seguir siendo competitiva, tendrá que elegir entre el miedo y la apertura. Los comerciantes ya han dicho cuál de las dos puertas prefieren que se abra.


