De Los Ángeles a Barcelona: las costumbres que siguen sorprendiendo a quien llega
Mudarse a otro país nunca es un simple cambio de dirección. Hace falta tiempo para adaptarse a los horarios, a las tradiciones y a esa mezcla de rutinas que, en un lugar concreto, parecen de lo más normal pero que a miles de kilómetros pueden resultar sorprendentes. Alguien que lo ha vivido en primera persona en Barcelona es Jordan Mautner, que dejó Los Ángeles para instalarse en la ciudad en 2020, tras años recorriendo Europa.
Seis años después, Mautner ha hecho balance de todas esas costumbres que más llamaron su atención cuando empezó una vida nueva en España. Lo ha hecho en una entrevista concedida a Business Insider, donde repasa desde el idioma que escucha en la calle hasta lo que encuentra en su plato.
El catalán, la primera sorpresa al llegar
La primera sorpresa le llegó antes de sentarse a comer: los menús y los carteles de muchos comercios y restaurantes en catalán. Al aterrizar en Barcelona, reconocía haber dado por hecho que el castellano sería el idioma habitual en todas partes, y descubrir la presencia tan visible del catalán en el día a día le llamó la atención desde el principio.
Ahora bien, lejos de verlo como una barrera, lo ha convertido en una oportunidad. Aunque sabe perfectamente que con quien habla también puede hacerlo en español, para ella aprender algunas expresiones es una cuestión de actitud. Como resume: es bueno saber algunas palabras para ser educado y respetar la cultura del lugar donde vives.
Entre sus palabras favoritas en catalán hay cuatro muy útiles para moverse con naturalidad por Barcelona: adéu (adiós), si us plau (por favor), molt bé (muy bien) y merci (gracias). Una pequeña lista que cualquiera puede empezar a usar el mismo día que la aprende.
Una Navidad con Caga Tió y caganers
Si el idioma fue el primer descubrimiento, las tradiciones catalanas ocupan otro capítulo destacado, sobre todo las navideñas. Costumbres como el Caga Tió, ese tronco al que los más pequeños golpean para que les traiga regalos, o los caganers que se esconden en los belenes le parecieron tan peculiares como llamativas. Son esas tradiciones que en Barcelona forman parte del paisaje decembrino, pero que para quien llega de fuera resultan todo un descubrimiento.
La mesa: cenas tardías, tapas y bocadillos al desayuno
Las diferencias también se notan a la hora de comer. Mautner destaca que las cenas suelen empezar hacia las nueve o las diez de la noche, bastante más tarde de lo que estaba acostumbrada en Estados Unidos. Un cambio de horario que, con el tiempo, forma parte de la rutina de cualquiera que se instala aquí.
Otro hallazgo han sido las tapas, que para ella se han convertido en una manera estupenda de probar platos variados y de compartirlos con otras personas. Y hay un detalle del desayuno que todavía le sorprende: que a media mañana se puedan comer bocadillos, algo impensable en su país natal.
Horarios, pausas de mediodía y playa y montaña a la vez
La lista de particularidades se completa con otras costumbres muy de aquí: los horarios de algunos comercios, que pueden diferir bastante de lo que se espera, las pausas de mediodía y esa facilidad única de Barcelona para combinar en un mismo día playa y montaña, algo que no muchas ciudades del mundo pueden ofrecer.
Tras seis años viviendo en la ciudad, Mautner considera que Barcelona ya es su hogar. Aunque todavía hay costumbres que no dejan de sorprenderla, su experiencia deja una idea útil para quien acaba de llegar o está pensando en mudarse: integrarse empieza por cosas pequeñas, como saludar con un adéu o pedir con un si us plau. Para quienes vivimos en Barcelona, estos detalles forman parte de nuestro día a día; para quien llega desde fuera, son la puerta de entrada a una cultura que merece la pena conocer y respetar.


